Recuerdo perfectamente entrar en el Olvidadero, con 18 años poco cumplidos y quedarme ante unos ojos azules, verdes o grises dependiendo de la hora.
Me lancé haciendo una receta prohibida de cabeza. El me acompaño hasta casa y de quedó con el 100% de mis ideas para ver si iba a ser una privilegiada o una oportunidad para él, el problema del que no se dió cuenta que aquella misma noche yo ya había dado surgir mi magia al conocer.
Alex no consiguió concentrarse, ser seducido por una ninfa, que le ganaba de una manera tonta al ajedrez, que se burlaba de la receta de guisantes a la panceta, y después de haber discriminado dicha receta, quizás se dio cuenta que el juego estaba más en mi terreno, y quiso alejarme del suyo con cosas tan aburridas como montar movidas en mis sitios habituales, mi marca personal, a intentar hundirla u joderla.
El mismo día, que acabo acabé durmiendo y follando con el, con su cara de rabia, de no reconocerse, se cabrea, se siente mal, me lo confiesa, recojo su cabeza casi sollozante entre mis brazos y le pregunto ¿quieres todo eso de la fama y tu futuro?
"¿Qué mierda sabes tú y de mi vida, que eres una simple niñata que pareces desesperante por qué haga caso... ? NADIE, NADIE ME BA A VOLVER A HACER DAÑO"
¿Tengo algún remedio más que dejarle en paz totalmente, que él decide en ese instante?
Y lo dejó, ante alguna tentativa más de parte, le respeté y siempre dije "no, ya no hay vuelta a la pregunta, pero nuestros hijos podrían haber sido bellísimos, Alejandra si es niña, Nicolae si es niño"
Adiós y te querré siempre, mi amor de cabezazos y barba rizados, de piel inmaculada y un sexo que sabía a gloria.
Adiós y gracias por ser mi primer amor, el que se iría jodiendo los demás, por las altas expectativas, seguramente poco realistas, que iban a confirmar que lo que se ama tan fuertemente la primera vez, ya no significará nunca como antes...